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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Mom met dad in the back of a rock 'n' roll car

Según lo veo yo, infravalorados. La guapura de Morrison eclipsa para muchos la música tensa y sabrosa. Pero, ¡ay!, a mí me suena a rocanrol. A mí me suena a blues. Podría hablar de los teclados, de la rabia, de la voz, del desierto y del alcohol, de las drogas y de las letras, de la variedad desconocida, de cómo me hacen bailar. ¡Bailar, sí! Pero hace tiempo que me evitan las palabras y las ganas.

Hoy me escribió la chica misterio. La encontré hace tiempo comiendo una hamburguesa sentada en el suelo, en algún rincón; me acerqué y conectamos. Luego se esfumó. Me escribe correos a traición que me pillan siempre con la guardia por los suelos y la inspiración a media asta. Me acuerdo de su pelo rizado y sus susurros, de sus dedos manchados de mostaza y de sus formas tranquilas.

Aquí suelto la canción. Voy a buscarla, camino de Tangie Town. Quizás quiera verme aún.



Maggie McGill cierra 'Morrison Hotel' (1970). Un disco impecable.

2 comentarios:

José Vega dijo...

A mi me habría gustado poder morder el labio a la chica triste de las hamburguesas.
Y me gustará marcarme unos bailables en casa con las burbujas de Manzarek.
O un humeante en el callejón con RotS.

Te veo.
Tsq.

Álex Espín dijo...

También yo me quedé con ganas de ese mordisco, que tuve a menos de medio palmo y dejé escapar... Todo llegará!

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